23.3.07



Exprimidor de Stark

Este es el típico objeto que ves en una estantería y piensas: -¿qué es eso?, ? ¿un bicho de "La guerra de los mundos"?¿me atacará si le doy la espalda? ¡es como una araña psicodélica!. -Preguntas al dueño y te cuenta que es un exprimidor de un diseñador famoso llamado Stark, que es un clásico de los 90, que en teoría exprime limones pero que nunca lo ha intentado, y que además, le ha costado un dinerito.
Entoces, empiezas a mirarlo de otra manera, la impresión formal no ha cambiado pero la emocional sí, el marketing comienza a apoderarse de tu cabeza, el concepto arte aparece por tus pensamientos, la marca ha dado la cara... hasta que al final te escuchas a ti mismo diciéndole a tu amigo:
-"¡oye!, pues es muy original, me gusta".-
Aprecias únicamente su contenido estético, su supuesta belleza y te olvidas de leer la función utilitaria del objeto.

Hablar de belleza merece recordar el diálogo entre Platón e Hipias, donde Platón dice:
"Un objeto sería bello si, por un lado, se manifestara en él algún tipo de belleza de la inteligencia y, por otro, si el uso al que ha de servir fuera perfecta y claramente expresado en su seña, y los materiales con los que estuviera hecho fueran adecuados para su uso".
La idea que se desprende en el diálogo sobre la belleza viene a abrir el complejo debate que existe sobre lo bello y lo útil. Los aspectos referidos a la utilidad serían aspectos de la belleza intelectual, mientras que los aspectos tangibles, estéticos, formarían parte de la belleza formal.

La belleza concluimos que sería, la convergencia de la belleza formal y la belleza intelectual. Esto es lo que debemos leer en los objetos que miramos.

1 comentario:

k dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.